andre cruchaga, el salvador
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La poesía es el rostro de las emociones; el pájaro que emerge de nuestro pecho buscando su propio vuelo; el silencio que nos asedia y lo volcamos en palabras; un cuerpo largamente extendido sobre las sábanas del alfabeto; grito del orgasmo buscando los brazos del aire; una sombra apretando lo furtivo de la luz; un relámpago dibujando disonancias; la partida de muchas pérdidas interiores; el ojo que mira el mar colgado de las olas; un itinerario hipotético de abrazos y adioses e insomnios; una grieta sangrando en el cuerpo; un brazo tímido que rueda en el aire; un barco que encalla o naufraga en el olvido; un largo bostezo del pensamiento desparramado en el silencio; una procesión de otredades circulares; una vasija con palabras para beber las sombras del tiempo; excavación que hace el viento en las palabras; un pájaro que hipnotiza los sueños con su vuelo; ese parpadeo de las palabras saltando del diccionario; un monólogo que toma forma de diálogo; un follaje donde las garzas traducen la clorofila en ojos y oídos; una roca que muestra su misterio saltando del abismo a los espejos; un reloj cuyas agujas marcan los latidos del alma; trementina de la vida hecha brújula; la mirada que nos negamos a dar de frente; una sombra dibujada sobre el arco iris de los trenes; otro cuerpo respirando como el hombre; emerger de un abismo y luego escabullirse del mundo; hacer estallar las palabras en un vuelo de pájaros; escribir el mundo poniéndole alas al infinito; inventar sueños para respirarse uno mismo; cambiar la solapa de la vida y ponerla al revés; adivinar las oraciones de los pájaros cuando rezan en los nidos; un agujero del tamaño del sol donde cabe la arena frágil de los espejos; aquella mujer que jadea como si estuviese en capilla ardiente; un gato que maúlla sobre los asteriscos del planeta; la disolución de la vida en una bañera de Dionisyus; la desunión de lo que ya no puede unirse; la futura mortaja del alma hecha con palabras; una bandera mojada por la lluvia de la sangre; un hechizo haciendo temblar los párpados en la guarida del búho; lo que queda después de navegar por los acantilados de la noche; esa mujer que nos ríe con labios de ceniza; asombro ante la luna cuya presencia en las pupilas agoniza; cálida pezuña afanada en devorar las emociones; una larga diáspora de huellas; el pulmón que aspira a ser cicatrizado; un nido donde las luciérnagas transpiran su vigilia; una amante entre sábanas de alhelíes dibujando crepúsculos inextinguibles; vitral donde asoma la ilusión de los veleros; el bosque que en su esencia desnuda los labios con un torrente de escalofríos; constelación de misterios respirando fosforescencias; una mariposa aleteando en los cerros del pecho; la íntima respiración de la memoria para revelar el universo; un paracaídas para aterrizar sobre el césped de un pubis; hongo cuya hoguera sangrante nos conduce por tranvías de éxtasis; un espejo trasluciendo matorrales; hilo de agua asomándose al soplo divino; sollozo disolviendo la ilusión en deseo; un claxon colgado del aire para tocar la saliva del amanecer; lluvia sofocando fuegos con el pañuelo íntimo del anhelo; sombra de incandescencias aleteantes; un rancho y un lucero con los que sueñan las vírgenes de este paraíso; una hermosa fantasía que juega a desnudar el alma; lluvia para festejar las bodas de Canaán; un cuerpo poseso eyaculando imposibles; inocencia perdida en el primer sueño; la espina de la noche entre las mutaciones de la tristeza; los minutos ardientes hurgando la desnudez cuando el beso de la espuma llega a la playa; la cama gozosa y absurda transfigurando los sentidos en ideogramas y paroxismos; la turgencia de la arena en la herida obsesa del costado; barro entre la neblina como un trozo de cadáver que se pierde en el vacío...
©André Cruchaga
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Por lobitogabriel - 19 de Junio, 2006, 15:29, Categoría: lecturas
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